Gobierno Nacional de Panamá

Artículo de Opinión: Mitos sobre las vacunas

Lunes, 6 de Mayo de 2019

El autor es Médico y Ministro de Salud.

El miedo por las vacunas entre los niños está más cerca del miedo a la inyección que a la sustancia que se inyecta; entre los padres, mayor es el miedo a la sustancia biológica; y, entre otros múltiples, no es miedo, es quizás, desconocimiento.

El beneficio que las vacunas le han traído a la humanidad es indiscutible y gracias a ellas se han evitado grandes cantidades de enfermedades y muertes. Sin embargo, existen grupos que se oponen a las vacunas (los llamados anti-vacunas), algunos basados en consensos falsos y otros guiados por ideologías políticas y creencias religiosas, que bien pueden calificarse de nocivas.

Trataremos de solventar algunos de los efectos dañinos que se le atribuyen a las vacunas y que en ocasiones son obstáculos para que los padres permitan vacunar a sus hijos y ellos mismos no permiten ser vacunados.

Mitos que se alegan a las vacunas:

1. Las enfermedades infecciosas existían y fueron desapareciendo desde antes que aparecieran las vacunas. FALSO. Esto es impreciso y lo han diseminado basados en estadísticas de mortalidad y no de enfermedad.

La mortalidad se disminuye mediante la utilización de métodos nuevos y eficaces para combatir las complicaciones de las enfermedades. Pero la significativa e incuestionable caída en la incidencia y prevalencia de las enfermedades infecciosas, para las cuales existen vacunas seguras y eficaces, ha sido la introducción de las campañas de vacunación.

Cuando algunos países se vieron forzados políticamente a suspender vacunaciones específicas, por ejemplo Inglaterra, Japón y Suiza, debido a la presión mediática contra la reactiva vacuna celular contra la tos ferina, el número de enfermos y la mortalidad por esta enfermedad no solo aumentó escandalosamente sino que los llevó a revertir su pobre decisión política.

2. Hay efectos adversos y fatales de los que ni siquiera conocemos y, particularmente, de lotes “calientes” o dañados. FALSO.

No es nada difícil ni infrecuente que asociemos situaciones deletéreas o adversas con eventos simultáneos o cercanos. Por ejemplo, “el jugo de toronjas la convulsión, aunque ya tenía fiebre, porque no había terminado de tomarse el jugo cuando comenzó a convulsionar”.

Igual ocurre con algunas situaciones alrededor de la vacunación sin advertir que el mundo sigue y que se pueden dar estornudos, calambres y hasta la muerte en cualquier momento y no porque hayan sido precipitados por la vacuna que se acaba de recibir. Por eso, no todo problema que se reporta temporalmente asociado a la vacuna significa que es un efecto adverso de la vacuna.

3. En Panamá la polio y la rubeola están eliminadas y no hay necesidad de vacunarse contra esas enfermedades
FALSO. La eliminación de la forma “salvaje” de la enfermedad porque la población ha sido vacunada apropiadamente no significa que niños aún no vacunados o que aún no han completado el número de dosis de la vacuna no estén a riesgo de contraer la enfermedad “importada”, de otros países donde esas enfermedades no han sido aún erradicadas.

Continuar vacunando es necesario para protegernos a nosotros aunque creamos que ya no vamos a enfermar con una de esas “enfermedades de niños” y proteger a quienes están a nuestro alrededor. Cuando Ud. deja de vacunar a su hijo, está poniendo en riesgo de enfermedad no solo a él o ella sino a sus amiguitos o familiares.

4. Recibir múltiples vacunas el mismo día o vacunas de múltiples enfermedades aumenta el riesgo de efectos adversos.
FALSO. Todos los días los niños están expuestos a una infinidad de antígenos, desde los alimentos que ingieren hasta las bacterias y virus con los que cohabitan sus amiguitos y los lugares donde habitan o juegan.

Las vacunas son antígenos que provocan una respuesta con la formación de anticuerpos, así como hacen las infecciones virales y bacterianas en el curso de los años y la vida. Tener vacunas con 2, 3, 4, 5 o 6 antígenos para 2, 3, 4, 5 o 6 enfermedades, no tiene riesgo ni de inhabilitar o bloquear el sistema inmunológico ni de aumentar efectos adversos del biológico utilizado.

5. Vacunarse con fiebre es malo.

FALSO. Con síntomas leves se puede vacunar sin complicaciones. Lo que se evita es precisamente que las personas crean que sus síntomas sean secundarios a la vacunas y "satanicen" las mismas. Pero no hay disminución de la protección, ni agravamiento de los síntomas.

Es cierto que las vacunas pueden producir algo de síntomas locales, e incluso fiebre en algunos casos, pero son los menos. Aquellas producidas con virus vivos atenuados en grupos muy equis de pacientes pueden producir síntomas parecidos a la enfermedad que están supuestas a proteger. No es el caso de la vacuna contra la gripe que está fabricada con partículas virales.

6. La vacuna contra el sarampión es la causa del autismo en los niños.

FALSO. Hace ya buen rato se denunció que la publicación que asoció el autismo con la vacuna contra el sarampión es fraudulenta y su autor principal se le retiró su licencia de investigador y médico, no puede ejercer ninguna profesión de éstas, y es prófugo de la justicia en Inglaterra. Recientemente se ha querido señalar que la vacunación contra la influenza en la mujer embarazada causa autismo en su bebé. Un estudio recientemente publicado (JAMA Pediatr 2017;171 (1):e163609;dol:10:1001/jamapediatrics.2016.3609) concluye que no existe tal asociación tampoco y que la vacunación contra el flu de temporada es altamente recomendable en mujeres embarazadas.

7. La vacuna contra la difteria, tos ferina y el tétanos (DTP) es causa de la muerte súbita de cuna.

FALSO. La muerte súbita de cuna o SIDS, por sus siglas en inglés, es una muerte que aún no tiene explicación. La muerte de cuna tiene una presentación alta en los primeros meses de vida, cuando se inician las vacunas para los niños pequeños, y la vacuna de difteria, tos ferina y tétanos es una de ellas. Esa asociación es la que ha llevado a algunos a creer que esta aseveración falsa es correcta. Es falsa.

8. Las vacunas producen asma bronquial

FALSO. Los estudios realizados para probar o no esta afirmación son categóricos al no encontrar ninguna relación de la vacunación las el asma bronquial ni con ninguna otra enfermedad alérgica. Incluso lo que se observó fue un efecto ligeramente protector contra el desarrollo de alergias y es precisamente esta población con problemas bronquiales, una a la cual hay que insistirle vacunación contra las enfermedades infecciosas como la gripe y las neumonías.

9. La mayoría de los que se enferman están vacunados.

FALSO. Esta falsa aseveración proviene de grupos antivacunas para desprestigiar la capacidad de protección de las mismas. Es necesario que entendamos que las vacunas nunca protegen 100% al 100% de los vacunados. La mayoría de las vacunas que usamos hoy día son eficaces en el 85% al 90% de quienes las reciben. Favores acolo el estado nutricional de la persona puede incidir en la respuesta inmune del individuo.

Ahora, pongamos un ejemplo de una escuela con 1,000 muchachos que nunca han tenido sarampión y en donde 995 están vacunados y 5 no lo están. Todos son expuestos al sarampión. Los 5 que no están vacunados enferman con sarampión. Algo más que el 99% de los 995 vacunados con 2 dosis de sarampión están protegidos de contraerlo pero algunos lo contraerán. Digamos que 7 de los 995 vacunados enferman con sarampión. Entonces, en esa escuela enfermaron 12 muchachos: los 5 no vacunados y 7 vacunados; o sea, que un 58% de los que contrajeron la enfermedad estaban vacunados. Y, los grupos antivacunas se callan para no decir que el 100% (5 de 5) de los no vacunados contrajeron la enfermedad contra solo 7 de 995 vacunados o 0.7%. Eso es manipulación de la información.

10. Las vacunas introducen tóxicos en los cuerpos de los niños como el formaldehido, el mercurio y el aluminio.
FALSO. Las cantidades de formaldehido en las vacunas son inferiores a las cantidades que nuestro propio cuerpo produce durante los procesos metabólicos. Las vacunas no tienen mercurio tóxico a los humanos.

El mercurio de las vacunas es el etil mercurio, que no es tóxico, diferente del metil mercurio, que sí lo es y que no se usa en la manufactura de las vacunas. El aluminio abunda en la Tierra. Se ha calculado que la exposición diaria al aluminio es del orden de 10-15mg, y la obtenemos de los alimentos y se excreta por la orina. El aluminio presente en las vacunas está en cantidades muy pequeñas y no es tóxico.

Miguel Antonio Mayo
mmayo@minsa.gob.pa / @mayogastro